El Hechicero se sentó en su casa y esperó. Sabía que alguien especial vendría ese día. Sus sueños le habían dicho que esa persona sería de gran ayuda para su Pueblo, aunque el hombre se había criado en una cultura diferente.
Este Hombre Sagrado no se asombró cuando uno de los pobladores, que vivía cerca, acudió montado a caballo. El Hechicero lo recordaba; le caía bien. Unas lunas atrás el hombre había defendido a un miembro de la Tribu de unas acusaciones injustas. Después de fumarse una Pipa, empezaron a hablar: <

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